Un “forajido” al Ministerio de Cultura

Debería ser común que en los noticieros se presente a los actores políticos con su nombre y el cargo que ocupan (es decir, asambleísta por tal provincia, concejal por tal distrito, etc.) pero normalmente lo que se ve es el cargo subordinado al proyecto político al que se deben (osea, asambleísta por tal partido o movimiento). Esto se comprende ya que los votos que le dieron el cargo son a cambio de propuestas partidivelascostas, pero lo triste es que los ecuatorianos casi nunca sabemos por que provincia o distrito fue elegido tal o cual representante, mientras que solo con que lo nombren se puede saber a que partido pertenece. Esta tendencia a priorizar el proyecto por sobre todo puede incluso ser efectiva dependiendo del campo en el que se aplique, pero para cualquier mentalidad no muy versada en asuntos referentes al arte y la cultura, es obvio que por lo menos aquí no es aplicable ni por asomo. Me refiero a la designación del sr. Paco Velasco como Ministro de Cultura; es obvio que este señor es una persona con grandes aptitudes políticas y que tiene gran compromiso con el proyecto de la revolución ciudadana, pero tomar esto como único parámetro de designación (ya que el sr. Velasco no es cercano al ámbito cultural ecuatoriano) es casi una ofensa para quienes si creemos que el arte y la cultura son factores vitales para el ser humano. Y no tendría que serlo si a fin de cuentas lo que haga o proyecte el gobierno no interfiere con el trabajo cultural ecuatoriano -que no es poco- ya que durante décadas se ha producido arte sin esperar las migajas de los gobiernos que creen hacer mucho al ayudar a un área que, en su pusilanimidad, consideran secundaria. El problema y por lo que considero que tal designación si nos compete es el proyecto de institucionalizar las entidades artísticas subordinándolas a dicho Ministerio.  La propuesta de convertir a los núcleos de la CCE en delegaciones del Ministerio de Cultura es un ejemplo de lo que digo. La idea de una institucionalidad artística es algo contraproducente ya que los virajes, las revoluciones y cambios del pensamiento humano se han dado y seguirán dándose cuando alguien derriba las columnas del sistema vigente, y no podría hacerlo si ese alguien es parte de este sistema que pretende derribar. Es decir, el arte es la única actividad humana en que la disciplina y el ordenamiento en instancias totalizadoras, aunque le otorgue eficacia, lo estanca y hace que desaparezca de muerte lenta.  lo que otorga identidad a una sociedad es lo que los artistas pueden hacer de ella, y no podrán hacer nada si las herramientas creativas son reguladas por la misma sociedad que se pretende cambiar. Orwell imaginó una sociedad en la que el gobierno despojaba al lenguaje de significantes y con esto evitaba las nuevas ideas ya que sin palabras para ser expresadas, tampoco podían ser pensadas. No es el caso en el que nos encontramos, pero si tomamos en cuenta (y esto es algo que con seguridad el sr. Velasco no conoce) que el artista es quien puede transgredir la línea entre el mundo conocido y el millones de veces mas grande mundo por conocer que subyace bajo las palabras; entonces el pretender que dicho artista trabaje bajo ciertas “directrices” en nombre de la eficiencia y el socialismo es un crimen. Y quiero aclarar que yo si creo en es socialismo. Por esto, la autonomía de la CCE no puede ni debe estar subordinada ni aunque esto pudiera traer grandes inversiones del gobierno (y personalmente creo que no las puede traer). Me dirán que con los medios masivos de comunicación es un caso parecido sino el mismo, pero la diferencia es que los medios forman la opinión pública, lo saben, y se aprovechan de aquello, mientras que los artistas forman el alma del ser humano, lo saben, pero no pueden aprovecharse de ello ya que si lo hicieran simplemente dejarían de ser artistas.

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Preguntas un tanto incómodas…

He aquí una joya de la literatura. En la actualidad los juicios críticos a la biblia no son nada nuevo. No hace falta mucho sentido común paradescarga (2) percatarse del sinnúmero de incongruencias que no desdicen de la sabiduría de sus autores sino de su acervo cultural que no era ni por asomo parecido al actual. Además tampoco se ha dejado de hablar de las incongruencias producto de un texto cientos de veces traducido de la traducción a modo del juego del teléfono, con el agravante de partes añadidas o escondidas en favor de una iglesia históricamente corrupta y criminal. Aunque no faltaron, (ni siguen faltando) las voces que por alguna extraña necesidad que no comprendo, buscan el sentido a lo que evidentemente no lo tiene. Pero ya en la antigüedad  en la Edad Media y aún más desde el Renacimiento, se escuchaban las voces críticas contra este libro, voces que resultan admirables dado que la gente no tenía mas teorías sobre el comienzo, el fin y el propósito del mundo, que las otorgadas por el mismo libro. Una de estas críticas fue la del Teólogo y profesor universitario español Zapata, quien en el año de 1629 escribió sus célebres sesenta y siete preguntas para que fueran contestadas por una junta de Doctores en derecho canónico. Éstos últimos no encontraron acción más acorde con su ministerio que el quemar las preguntas y hacer lo mismo con su autor, no sin antes someterlo a las torturas dispuestas por la ley eclesiástica. Por suerte dichas preguntas no se perdieron, y de algún modo llegan hasta esta bitácora. Pero lo extraño es que aunque casi todas estas preguntas resultan lógicas y razonables, mucha gente no es capaz de formulárselas, mientras otros, como ya dijimos, recurren a las maromas más extrañas para encontrar un sentido que a todas luces, no existe. Y sin mas, el libro está por acá:  ZAPATA – Las Sesenta Y Siete Celebres Preguntas

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