Reduccionismo y competencia: La fórmula del desastre

Uno de los eternos problemas ideológicos es el de la responsabilidad… por un lado están los que creen que las personas son enteramente responsables de sus actos, mientras que por otro están quienes creen que la sociedad enajena a las personas para beneficio de alguien más. Entonces nos damos cuenta que ambas opciones contienen implicaciones sombrías; si todos somos enteramente responsables entonces la pobreza es consecuencia de la vagancia; y si todos somos sujetos a la enajenación, pues por consiguiente no somos más que “perros pavlovianos”. No creo que sea posible resolver aquí el problema, pero si se puede analizar por qué el ser humano tiene una necesidad desesperada de adherirse a una sola opción, cuando lo sensato es encontrar el punto medio…

Por lo general los pensadores de derecha se inclinan por la responsabilidad individual mientras que la izquierda suele acercarse  a las tesis conductistas, aunque a veces (muy de vez en cuando) surgen pensadores como Sartre, (quien creía en la responsabilidad individual mientras se declaraba abiertamente simpatizante de los bolcheviques), pero ese es un caso aislado. Y lo interesante es que Sartre (al igual que Heidegger) planteaba además algo llamado análisis fenomenológico, que en palabras simples consiste en deshacerse de los velos culturales que cubren la realidad. Entonces es aquí donde puede encontrarse el meollo del asunto; la necesidad humana por adherirse a las soluciones más reductoras obedece a un instinto cultural de ordenamiento del caos, el mismo instinto que hizo que el juego del tetris fuera tan popular. Y si juntamos este instinto (que simplifica todo y a todo quiere dar sentido en medio de una realidad a todas luces caótica) con otro instinto humano no tan inocente: el de la competencia (que hace que demos la vida por una bandera o por un equipo de fútbol) tendremos la fórmula perfecta del dogmatismo y del fanatismo…

111220-082319

Anuncios

El dueño del balón

La mayoría de la gente cree que un sistema político sin cabeza reguladora no podría sostenerse p111220-082319orque el ser humano necesita que se le pongan límites… Por tanto, según esto, la anarquía no es viable.  Pero en realidad la mayoría de teorías anárquicas (especialmente el anarcosindicalismo) no creen que el ser humano deba ser desregularizado, sino que el mismo, por su propia cuenta puede hacerlo sin entidades coercitivas de por medio… Y hay pruebas de que esto sí es posible; cuando miramos un partido de fútbol callejero por ejemplo, podemos darnos cuenta de que hay  en él una gran disposición a la organización con reglas creadas y reguladas por los participantes, reglas que ni siquiera tienen necesidad de ser enunciadas por que todos las saben, y si no las saben las intuyen. Entonces, a la falta de un ente regulador, las personas buscan maneras de organizarse en las que no haya una cabeza, sino la participación colectiva. Pero si alguien tiene una atribución más que el resto podría acabar con la organización de dicho sistema, y los jugadores del partido saben esto muy bien; es por esto que entre las reglas que intuyen está la de no hacer enojar al dueño del balón…

¿Cuál es la alternativa?

headband_copia_3897Cuando en 1507 Edmond Halley predijo que un cometa llegaría luego de 52 años, muchos creyeron que estaba haciendo competencia a los brujos que adivinaban el futuro. Muy pocos entendieron que lo único que Halley hizo fue calcular la obvia repetición de un evento regular. Pero hace 500 años a las personas les resultaba -y hasta a nosotros nos resulta- difícil comprender cuando un resultado es consecuencia de una acción anterior…

Ejemplo: si camino directamente hacia un poste, la consecuencia es un buen golpe. O si cruzo la calle sin mirar ambos lados la consecuencia es una enorme cuenta del hospital, o quizá hasta un velorio. Hasta allí, son consecuencias obvias, pero vayamos más allá. Cuando no hacemos las tareas de la escuela perdemos el año. Y cuando perdemos el año nos convertimos en lacras de la sociedad. Cuando no acatamos las reglas del trabajo nos despiden, o cuando no obedecemos a nuestros maestros nos expulsan. Y vayamos aún más allá. Cuando no tenemos estabilidad económica no somos respetados. Y cuando no tenemos un automóvil no somos nadie. ¿No somos nadie?

Parece fácil entonces descubrir que algunas consecuencias de nuestros actos no son mas que reglas que alguien se inventó, y que no existirían si nadie las aplica. Es decir que si no está mi maestro, nadie me castiga por no haber hecho la tarea. Y llevado eso al extremo nos encontramos con que saber las consecuencias de algo no depende de nuestro razonamiento sino de conocer las reglas, y eso lleva a equivocaciones. Pero en realidad, la mayoría de las veces no equivocamos las consecuencias, sino que “no sabemos cuales son”. Chomsky dice que “la población no sabe lo que está ocurriendo y ni siquiera sabe que no sabe”, pero esto no significa que no podamos discernir, sino que no podemos elegir una alternativa que no conocemos. Y no la conocemos por que quienes hacen las reglas del juego se encargan de que no podamos encontrarla. La patología de esta sociedad es responsabilidad de omisión por parte de la misma sociedad… Si no nos han mostrado nunca la alternativa: ¿Podemos saber que existe?

La irracionalidad es libertad

El ser está condenado a ser libre, eso es indudable, pero alcanzar la conciencia de la libertad verdadera, (de esa libertad que es la constatación de la soledad, de la falta de leyes regidoras de la conducta humana), es un golpe brutal, un puñetazo en la cara de quien lo consigue puesto que de repente logra comprender que todo, absolutamente todo lo que hizo, hace o podrá hacer se desplomará en el pozo sin fondo del azar… Por esto es que para muchos es mejor vivir de las mentiras reconfortantes y no hacer frente a las verdades, que por ser verdades suelen ser tristes y dolorosas…

Pero si alguien logra ver el completo sin sentido de la existencia entonces ya no hay marcha atrás; será capaz de comprender los argumentos positivistas pero no podrá digerirlos, para él la inducción se acabó, las leyes generales no pueden ser axiomáticas, todo, absolutamente todo tiene que ponerse a disposición del método experimental.

Entonces, desde que las categorías no se descubren (porque no existen) sino que se crean en función de un ordenamiento mas o menos aplicable; y desde que la filosofía dejó de preocuparse por comprender -derecha-, o transformar -izquierda- al mundo y se limitó a describirlo en todo su sin sentido (ya que no puede y nunca pudo hacer mas que eso); es desde aquí que se puede hablar del ser humano como un ente completamente libre; y por esto es que desde aquí también nacerán tesis para una convivencia más armónica, tarea que en virtud de la irracionalidad de la existencia, nos corresponde únicamente a nosotros…

Alejandro Villalba Nieto

Crisis del arte


En_tiempo_de_crisis_funambulista_n_1_

Mientras el ser humano y sus circunstancias caminan (en su mayoría sin percatarse) a paso agigantado hacia la aldea global, mientras la política actual se encarga de expandir el individualismo hasta en las colonias de las agenciosas y comunitarias hormigas, mientras los principios hollywoodienses se tragan al mundo y a sus fallidos intentos -ortodoxos o vanguardistas- de hallar nuevos caminos estéticos y culturales, mientras en los lugares mas recónditos de nuestro planeta puede faltar el techo, vestido, agua potable, pero no (¡eso nunca!) los productos de la última novedad discográfica primermundista o la camiseta que en otro tiempo hacía honores a Mickey Mouse y que hoy por hoy rinde tributo a un personaje baluarte del consumismo, pero diferente cada día…

En resumidas cuentas, mientras la complejísima diversidad de gustos y estilos instaurada por la otrora gloriosa posmodernidad, es consumida sin clemencia por el capital; el artista estará destinado a perder  su razón de ser. Y las tablas salvavidas que el intelectualismo o cualquier otro héroe contemporáneo quiera usar para rescatarlo, servirán únicamente para engrosar la ya colapsada producción contemporánea que, paradójicamente, es una de las causantes de la debacle consumista. En otras palabras, el que un trabajo artístico actual sea de calidad es completamente irrelevante; porque si no tiene financiamiento estará condenado al olvido, mientras que de tenerlo, será absorbido por el sistema vigente y se convertirá en una imagen entre cientos que aplastarán y, mas temprano que tarde, serán aplastadas por el peso de la nueva producción.

El ritmo de la vida hace que el ser humano consuma arte con la misma autómata indiferencia y velocidad con las que consume hamburguesas, y esto obliga que la oferta del hacedor cultural se ajuste a estas circunstancias; crean productos literalmente “masticados” y que ahorran el tiempo de detenerse a observar, razonar, abrir los canales emotivos o simplemente dejarse llevar, requisitos hasta hace un tiempo indispensables para que un trabajo artístico sea saboreado por el espectador. Y el producir arte que no se ajuste a esta realidad implica quedar estancado en el pasado o servir únicamente para el disfrute de los financistas del mismo.

Cierto es que éstas aclaraciones sólo muestran una cara de la moneda, ya que gran parte del mundo cultural se encuentra en la gigantesca  tarea de devolverle al ser humano eso que forma parte de su esencia; lo humano. Para lo cual se valen de rescates culturales y/o metodologías que, difiriendo con quienes defienden la pureza del arte, se apoyan en ciencias humanas  como la pedagogía, la antropología, la política, o exactas como las matemáticas. Por ejemplo el rescate cultural en el Ecuador en los últimos tiempos ha producido buenos resultados, y  gran parte de su éxito lo debe al tinte nacionalista con el cual se fomenta el mismo. Es decir que el nacionalismo es una “herramienta” usada para el rescate cultural, así como podría serlo (y en gran parte del ejemplo propuesto también lo son) alguna de las ciencias anteriormente mencionadas.

Pero (y es aquí donde se vuelve relevante el análisis inicial), ¿cuál es la finalidad de este rescate? Pues la misma de la creación artística actual, sea esta intelectualmente compleja o de consumo, y que a su vez es la misma finalidad de la agricultura: el producir algo vital para el ser humano, y que, al igual que los alimentos, puede ser de buena o mala calidad, lo cual no quita que sea  imprescindible. La verdadera consecuencia de que esa producción se automatice es que eso equivaldría a comer trigo todos los días; no nos exterminaríamos por el hambre sino por la insuficiencia fruto de la falta de los elementos que surgen de la variedad. En otras palabras sin éste rescate tendríamos que esperar a ver, como cultura occidental  que nos extermina primero: si la obesidad fruto del exceso de grasa o la idiotez fruto del exceso de telenovelas…

Alejandro Villalba Nieto

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

Subir ↑